Evangelio según san Lucas 4, 38-44
Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.
Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
De muchos salían demonios, gritando: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”. Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.
Pero él les dijo: “También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado”.
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.
Algo por ella
1) Fiebre: La fiebre genera malestar, pero hasta te puede hacer ver cosas que no existen. Se mezcla la imaginación con la realidad. Entendiendo esto puede sucederte que tengas una cierta fiebre existencial, donde mezclas la fantasía con la realidad, donde giras en un mundo que no existe y donde parece que, como defensa, te cerrás en vos. Hay situaciones en las que, desde tu autodefensa no ves la realidad, porque no la querés ver y asumís una fantasía de vida que vos mismo te creas.
2) Inclinándose: Es necesario que también te inclines para ver a quien te necesita. Es bueno saber que vos podés ayudar a alguien y que podés hacer algo por alguien, porque la vida se te va volando y vas perdiendo la sensibilidad. Incluso caes en esa situación que ya no te importa nada ni nadie. Es necesario y esencial volver la mirada a vos, pero desde vos poder mirar a los demás para aportarles en la vida y mostrarles que pueden lograr algo más.
3) Desierto: Cuando la gente te alaba mucho trata de resguardarte, porque puedes perder tu yo para convertirte en “ellos”. Sé prudente con vos mismo como lo hacía Jesús, rescátate y limítate para que el clamor popular no te haga perder tu llamado individual. Algo bueno está por venir.
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