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Meditación del día 3 de febrero

por Pbro. Luis A. Zazano
San Blas, patrono de las gargantas

Evangelio según san Marcos 5, 21-43

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,
rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva”.
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,
porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré curada”.
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”.
Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”.
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad”.
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”.
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”.
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”.
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate”.
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro,
y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

San Blas, patrono de las gargantas

1) A sus pies: Hay situaciones que se escapan de nuestras manos y necesitamos de lo divino. Hay veces que te quemas la cabeza buscando soluciones que solamente Dios puede resolver. Por eso, no dudes en buscar a Jesús y de crecer en interioridad. No es necesario que lleves tantos rosarios en el cuello, ni tampoco hacer tantas novenas, solo ponte frente a Él, búscalo en tu interior o, aunque sea, tómate unos minutos en el día de hoy para ir frente al Sagrario, esa cajita con la vela color rojo ardiente que te recuerda que ahí está Él. O si no estás cerca, quédate en ese lugar que es tu lugar, cierra los ojos y simplemente quédate en silencio así Dios te habla en ese silencio. Pero hoy ponlo todo en sus manos.

2) Hemorroísa: Es la mujer que sangraba internamente, pero la gente de alrededor también la hacía sangrar. Cuántas personas nos hacen sangrar con sus comentarios o incluso con sus actitudes para con nosotros. Te comparto algo que leí hace unos días:
“Si duermes mucho, la gente piensa que eres perezoso. Si estás delgado, la gente piensa que estás enfermo. Si te vistes bien, la gente piensa que presumes. Si eres serio, la gente piensa que no tienes sentido del humor. Si sonríes y eres divertido, piensan que eres inmaduro. Si dices lo que opinas, eres irrespetuoso. Si no dices la verdad, eres un hipócrita. Si no tienes pareja, piensan que no has encontrado a nadie. Si tienes éxito, eres arrogante. Hagas lo que hagas en la vida, te criticarán. Por lo tanto, haz lo que te hace feliz y bien. Haz lo que tu Padre Dios te invita, ignora las opiniones de los demás. Es más, si se fijan en ti y te juzgan, es porque ellos no tienen nada más importante en su vida que vos.

3) Cura: Por tanto, amigo o amiga, trata de curar tus heridas, no dejes de buscar la verdad en vos y no te mientas más, aunque hay veces que tememos más a la luz que a la oscuridad. Hoy pidamos a San Blas que nos ayude a saber decir las cosas y, como es el protector de las gargantas, que San Blas te libre de todo mal de garganta y de cualquier otro mal. Amén. Algo bueno está por venir.


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