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Meditación del día 14 de marzo

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Lucas 18, 9- 14

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:
“Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas’.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!’.
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado”.

Lc 18, 9-14: Subieron al templo

1) Refiriéndose: Epicteto decía que: “frecuenta únicamente a aquellos que puedan mejorarte y recibe a aquellos que tú puedes mejorar”. El beneficio mutuo es la esencia de la verdadera amistad… Por eso, no dejes que el institucionalismo de muchos te haga olvidar el anuncio del evangelio y, por sobre todo, no dejes que tu espiritualidad se reduzca a una simple ritualidad, aprendamos a caminar con la visión sobrenatural. 

2) Publicano: La humildad te puede llevar muy lejos, aprendí con el tiempo que nadie es más que nadie. Yo cuando inicié mi sacerdocio me convertí en una persona muy soberbia creyendo que por el cargo que tenía y la función que cumplía era más que otros, incluso más que otros sacerdotes. Bastó caerme para darme cuenta que no soy nadie y que no puedo juzgar a nadie. Es más, Dios me puso esos publicanos de la vida para que me ayuden a salir adelante. Y de los fariseos que éramos, y al grupo de fariseos católicos que pertenecía, ninguno me preguntó ni cómo estaba cuando estuve en mi crisis y en mi nada. Pero esos publicanos de la vida aparecieron cuando yo más necesitaba y comprendí que de ser fariseo a publicano hay un solo paso, pero la clave es estar dispuesto a levantarse y caminar por un encuentro con Cristo vivo.

3) Ensalza: Un faro no va a buscar a los barcos, no se mueve y mucho menos grita. Se queda firme en su sitio y brilla con todo lo que tiene porque sabe que los barcos correctos llegan solos… Pero me di cuenta que hacemos lo contrario, corremos detrás de personas que ni te ven, corriendo detrás de oportunidades que te ignoran y mendigando atención a quien nunca te la iba a dar. Un faro no se apaga para gustarle a la oscuridad y no se achica para no molestar, menos cambia su luz para quien mire, simplemente brilla y confía en que los que necesiten esa luz la encontrarán. Brilla con tu vida y deja que los barcos correctos lleguen. Algo bueno está por venir.


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