Señor Jesús, estoy ante Ti, contemplando tu presencia viva y silenciosa en el Santísimo Sacramento del Altar.
En este momento de adoración, hago mías las palabras de Santa Teresa de Jesús y me abandono por entero a tu paz.
Tú eres el Dios inmutable: ante las tormentas del mundo y el paso acelerado del tiempo, recuérdame que solo Tú permaneces para siempre.
Jesús Sacramentado, calma mi alma y aparta de mi corazón el miedo, la prisa y la angustia. Concédeme paciencia y fe para confiar en tus tiempos y perseverar en la oración.
Que al recibirte en la Eucaristía comprenda que nada me falta, porque en el Pan de Vida me lo das todo. Graba en lo profundo de mi ser que, teniéndote, solo Tú me bastas.
Amén.
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