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Debemos aprender a perdonar

por Pbro. Carlos Padilla E.
perdon

Sólo puedo salir del dolor de mis heridas perdonando. Jesús perdonó desde la cruz a los que lo mataban, a los que estaban llenos de odio

Las heridas me parecen algo muy sagrado. Tienen que ver con mi historia santa. Con los momentos en los que me he sentido herido por la vida, por las circunstancias, por el mal, por el pecado, por el amor, por el desamor. Cuento mis heridas en pies, manos y costado. Las guardo como algo sagrado. Ahí está Dios escondido. Las miro, las beso. Y me miro a mí mismo reflejado en Jesús que me muestra sus heridas: «Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor». Los discípulos ven las heridas y reconocen a Jesús por ellas. Y se llenan de alegría. Sus heridas son fuente de alegría porque me hablan de un amor que se da hasta el extremo. Así me ha amado Jesús. En sus heridas santas. Y ha perdonado sus propias heridas desde la cruz. Tal vez ese sea el misterio más grande de sus heridas. No
desaparecen, no están ocultas. Pero sí están perdonadas. «Perdónalos, porque no saben lo que hacen». ¿Es posible perdonar mis heridas? Leía hace poco: «El gran obstáculo para llegar a Dios es no saber perdonar. No todo lo sufrido se redime. Sólo es salvado lo que se sufre en amor y perdón. ¡Cuántos seres humanos guardan en su alma heridas abiertas! Si no estamos dispuestos a perdonar, todo será en vano, por más que vayamos a la iglesia y cumplamos con nuestras oraciones, leamos libros piadosos. Toda la vida se detiene como el agua tras un dique de contención. Nuestra actitud irreconciliable es como un dique que se alza deteniendo el flujo natural del amor. Por eso debemos aprender a perdonar. No es posible ir por este mundo sin padecer heridas ni aceptar injusticias. Debemos aprender a vivir con ellas sin detener el flujo del amor» 1 . Las
heridas las sufro porque amo. Porque me expongo. Porque no me guardo egoístamente. Es cierto. Tal vez sufre menos quien no ama. Quien no sale fuera de su escondite. Quien calcula todo y no se arriesga. Y pese a todo. Incluso cuando alguien decide no amar y no arriesgar su vida. Incluso entonces puede ser herido.

El desamor, el rechazo, el desprecio, el odio, la indiferencia, la derrota, el fracaso, la difamación, la crítica. Tantas cosas pueden causarme heridas. Soy tan frágil en mi piel blanda. Cualquier clavo puede lacerarme el alma y brota la sangre. Lo sé, soy débil. Me sigo protegiendo muchas veces, es verdad. Lo hago por miedo a recibir más heridas o a ser herido en mis mismas llagas de siempre. Me duele en lo profundo. Tantas veces las expectativas que tengo se convierten en desilusiones. Y el alma de nuevo es herida. Y duele tanto. Sólo puedo salir del dolor de mis heridas perdonando. Jesús perdonó desde la cruz a los que lo mataban, a los que estaban llenos de odio. Esa misericordia infinita que yo tanto anhelo. Jesús perdonó su rabia y su ignorancia. Perdonó su ceguera y su desprecio. Los perdonó en su corazón herido, casi ya sin fuerzas para hablar. Y entonces sus heridas se llenaron de luz, se convirtieron en fuente de esperanza y pueden ahora curarme a mí. No toda herida cura a otros. Sólo la herida que ha sido perdonada. Sólo cuando he sido capaz de perdonar entregándoselo todo a Dios. Sólo cuando perdono estoy en condiciones de comenzar un camino nuevo. El camino en el que mi herida se
convierte en fuente de vida para otros. En fuente de un agua nueva que todo lo limpia y purifica. Pero si no perdono, mi herida abierta no es camino de esperanza. «Las heridas abiertas huelen mal y no curan a nadie» 2 . Miro mis heridas frente a Jesús en este día. ¿Están perdonadas? ¿Están abiertas? Jesús me muestra sus heridas. Yo le muestro las mías. Él puede cambiar mi corazón y hacerme capaz del perdón. Me da su misericordia para que yo sea misericordioso. Y perdone al
saberme perdonado. Quiero perdonar a los que me han hecho daño. Conscientemente o sin saberlo. Perdonar a Dios mismo por no haber permitido en mi vida lo que yo tanto deseaba. O haber permitido lo que tanto temía. Perdonar a las personas que no me han amado como esperaba.

Perdonar la injusticia, la difamación, la mentira, el odio, la indiferencia. Perdonar todo lo que me parece injusto en mi corazón herido. Todo lo que me ha hecho daño y ha dejado un hueco profundo en mi piel. Una herida honda que no cierra si no soy capaz de perdonar. Y cuando no cierran las heridas vivo lleno de rencor, de odio, de deseos de venganza. Quiero hacer daño porque a mí me han hecho daño. Y veo en mí sentimientos ocultos en mi interior. Sentimientos que me hacen saltar con rabia. Como el sentimiento de Tomás que hoy no se siente amado por Jesús: «Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: – Hemos visto al Señor». No estaba cuando todos sí estaban. No estaba cuando Jesús viene a verlos. ¿Se ha olvidado Jesús de él? ¿Acaso no le importa su vida? Sufre Tomás porque no se siente tan amado como los otros. Siente que no es tan importante para Jesús. A Él no le importaba tanto que él estuviera. La herida del desamor, del desprecio. Jesús parece no amarlo. Parece no quererlo tanto. Es la herida que yo también tengo cuando no me siento importante para algunas personas que a mí sí me importan. Y guardo el rencor en lo más profundo. O cuando pienso que Dios no me quiere tanto como a otros. Y sufro en mi carne por envidia. Y mi llaga se hace profunda. Poder perdonar es un milagro de Dios en mi corazón. Sólo con mi voluntad sé que nada puedo. La herida sigue doliendo. Y no soy capaz de mirar hacia delante con una mirada alegre, salvada. Necesito que caiga sobre mí como una lluvia la misericordia de Dios. Necesito que me mire con misericordia para poder yo perdonar.

[1] Franz Jalics, Ejercicios de contemplación, 236
[2] H. Nouwen, El Sanador herido

 

 

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1 comentario

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MitziChant Castro abril 10, 2018 - 10:49 am

Definitivamente el perdón es la entrega a Dios de nuestras miserias e inseguridades. No es fácil, para nadie, a algunos le es más fácil, para otros es una tarea ardua … duelen muchas cosas definitivamente pero es allí donde cuan valiosa es la jaculatoria aceptada y vivida: Jesús, yo confío en ti.

Ayúdame Señor a perdonar para así ser perdonado …

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