Inicio Reflexiones El pájaro tomó aire, se recuperó y se largó a volar…

El pájaro tomó aire, se recuperó y se largó a volar…

Hace un tiempo, me encontraba en la capilla del Seminario, cuando de pronto se metió un pájaro pa´ dentro…

Venía lo más bien volando por el jardín pero de un momento a otro, terminó encerrado, en un lugar sin salida. ¡Pobre bicho no entendía nada! Para peor, la capilla es como una “caja de vidrio”: poca pared y muchas ventanas. Eso le generaba más confusión todavía… porque lograba ver luz pero no reconocía los vidrios. Entonces en su afán de “querer volver a su vida normal”, apuntaba pa’ fuera con fuerza, pero se daba de lleno contra el vidrio. Intenté ayudarlo y no se dejó. Hizo de todo por salir: piruetas, cambio de vuelo, saltaba por el piso… pero seguía encerrado y confundido. Hasta que se dio flor de golpe contra un vidrio y cayó desparramado al piso. Fue entonces, que medio rendido y sin entender mucho…SE DEJÓ AGARRAR… por unas manos que podían distinguir con claridad “esos vidrios” que le impedían salir adelante. Una vez afuera, el pájaro tomó aire, se recuperó y se largó a volar…

Algunas veces en la vida, nos ocurren cosas “inentendibles”… “inexplicables”… de esas que nunca nos esperamos. Nos pasa como a este pájaro, que “venía volando lo más bien por el jardín” pero de un momento a otro, le cambió su vida… y se encontró encerrado en un callejón sin salida. Pienso en circunstancias como una enfermedad difícil, un accidente inesperado. La pérdida repentina de un ser querido… Situaciones en las que “intentamos de todo”… Pero terminamos desparramados en el suelo, confundidos y hasta quizás defraudados. Este pajarito, me sugirió una respuesta: Quizás, lo mejor que nos puede pasar en esos momentos, es DEJARNOS AGARRAR por las manos adecuadas… Las manos de Aquel que sabe cómo sostenernos y por dónde guiarnos… las manos de Dios. Sencillamente porque es el único capaz de reconocer “esos vidrios que tantas veces nos impiden salir adelante”… Aunque lo primero que nos salga muchas veces sea “querer escaparle”… ¡No importa! Hoy,  te invito de corazón, a abandonarte con mucha confianza en sus manos… ¡No te vas a arrepentir! ¡Un fuerte abrazo! ¡Buena Semana!

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