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Dos corazones en el Corazón de Cristo (3ª parte)

por Elena Fernández Andrés
Reja del coro del convento de la Visitación de Paray-le-Monial donde el Sagrado Corazón se apareció a Santa Margarita. Al fondo, el presbiterio donde San Claudio celebraba la Eucaristia.

Foto: Reja del coro del convento de la Visitación de Paray-le-Monial donde el Sagrado Corazón se apareció a Santa Margarita. Al fondo, el presbiterio donde San Claudio celebraba la Eucaristia.

«Como hermano y hermana…»

El padre Claudio volvió al convento para las confesiones en los días de témporas de Cuaresma, que ese año caían los días 6, 8 y 9 de marzo.

Van pasando una tras otra las religiosas. Margarita María no se da a conocer ni le dice nada de especial. Pero, «sin que nunca nos hubiéramos visto y hablado, me retuvo mucho tiempo, y me hablaba como si hubiera comprendido lo que pasaba en mí. Pero no quise decirle nada por esa vez; y como vio que quería retirarme por miedo a molestar a la comunidad, me dijo que, si yo quería, él vendría otra vez a hablar conmigo. Pero mi natural tímido, que temía todas esas comunicaciones, hizo que le respondiera que, no perteneciéndome, haría todo lo que la obediencia me mandara. Me retiré después de haber estado con él alrededor de hora y media». (Autobiografía, 80)

El padre Claudio volvió. A pesar de que Margarita María comprende que es voluntad de Dios que ella se lo cuente todo, siente una enorme repugnancia a abrirle del todo su corazón. Se lo dijo con toda sencillez. Su respuesta, medio divertida, la puso inmediatamente en confianza: «Me respondió que estaba encantado de darme una ocasión de ofrecer un sacrificio a Dios. Entonces, tal como me fue brotando, le abrí mi corazón y le descubrí hasta el fondo de mi alma». Roto el hielo, el padre lo recibe todo con sencillez; la escucha, le hace hablar, le pregunta. Le dice que puede estar tranquila, que lo que está viviendo viene de Dios; y no del demonio como algunos le habían insinuado.

Durante los meses siguientes, Claudio queda asociado a la maravillosa aventura de Margarita María. Un día, ella le transmite un mensaje de parte del Señor:

«Dile de mi parte que haga todo lo posible para establecer esta devoción (al Sagrado Corazón) y de dar este gusto a mi Divino Corazón; que no se desanime ante las dificultades que pueda encontrar, que no le van a faltar. Pero que sepa que es todopoderoso quien desconfía del todo de sí mismo para confiar del todo en mí».

Efectivamente, los disgustos no faltan. Las frecuentes entrevistas del Padre con su dirigida no pasan desapercibidas. Muchas religiosas, prevenidas contra Margarita María, murmuran contra las -según ellas- excesivas atenciones que el nuevo confesor le presta. Dice ella misma: «El padre tuvo que sufrir mucho por culpa mía, pues se decía que le quería engañar como lo había hecho con los demás». Otras decían que el padre era tan visionario como ella y «que era una chiquillada entretenerse tanto tiempo con una persona de tan poca cabeza». Imperturbable, Claudio La Colombière la escucha, le hace poner sus cosas por escrito a pesar de la repugnancia que ella siente en hacerlo. Discierne, reza… y aprueba y anima. El mismo Señor se encarga de tranquilizar a sus dos amigos:

«Una vez que vino a decir la santa misa a nuestra iglesia, nuestro Señor le concedió grandes Gracias, y a mí también. En efecto, cuando me acercaba para recibirle en la comunión, me mostró su Sagrado Corazón como un horno ardiente, y otros dos corazones que iban a unirse y a abismarse en el, diciéndome: `Así es como mi puro Amor une estos tres corazones para siempre´. Y después me dio a entender que esta unión era totalmente para Gloria de su Sagrado Corazón, del que quería que yo le descubriese los tesoros, para que él los diese a conocer y publicara su importancia y utilidad; y que para ello quería que fuéramos como hermano y hermana, compartiendo por igual los bienes espirituales. Y como yo le hiciera notar mi pobreza, y la desigualdad que existía entre un hombre de tan gran virtud y mérito, y una pobre débil pecadora como yo, me dijo: `Las riquezas infinitas de mi Corazón suplirán y lo igualarán todo. Díselo todo sin temor´. Así lo hice en la siguiente entrevista».

Un encargo difícil

La revelación al mundo entero del Amor misericordioso del Corazón de Cristo va a hacerse a través de la íntima amistad de Margarita María y Claudio en Él, en Cristo Jesús. Con qué alegría debió de acoger el padre Claudio lo que su amiga le comunicaba de parte del Señor. Ella lo recuerda:

«¡Con cuanta humildad y agradecimiento recibió esto y otras cosas que le dije de parte de mi soberano Dueño! Su actitud me emocionó tanto que me hizo más bien que todos los sermones que hubiera podido oír».

El 16 de junio de ese mismo año 1675 – Domingo dentro de la octava del Corpus Chirsti – estando Margarita María en adoración ante el Santísimo, el Señor le muestra su divino Corazón y le dice:

«He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha dejado de hacer, hasta agotarse y consumirse, para demostrarles su amor; y en pago no recibo de la mayor parte de ellos más que ingratitud, por sus irreverencias y sacrilegios, por la frialdad y el desprecio que tienen para conmigo en este Sacramento de Amor. Pero lo que más me duele es que son algunos corazones que me están consagrados los que se portan así. 
Por eso te pido que el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento sea dedicado a una fiesta especial para honrar mi Corazón, comulgando ese día, pidiendo perdón para reparar las indignidades que ha recibido en el tiempo en que ha sido expuesto en los altares. Te prometo también que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia los influjos de su divino Amor sobre los que le rindan estos honores y los que procuren que se los rindan».

Otra vez Margarita María responde al Señor que no sabe cómo va a poder hacer eso, y Él le indica que para algo está allí el padre La Colombière. Este, prudente como siempre, se lo hace poner por escrito. Como la fecha indicada por el Señor está cercana, deciden ser ellos los primeros en poner en práctica lo que ha pedido. El 21 de junio, viernes después de la octava del Corpus, cada uno por su parte se consagra al Corazón de Jesús. ¿Dónde tuvo lugar esta doble consagración? ¿En la capilla del convento de la Visitación, en la del colegio de los jesuitas, durante la misa, en una visita al Santísimo? ¿Margarita María detrás de la reja y el padre Claudio en el presbiterio? No lo sabemos. Lo importante es que se hizo. Los dos amigos, unidos en Cristo y por Cristo, acababan de celebrar la primera fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

[Nota: debajo os dejo el calendario de la visita de las reliquias de Santa Margarita a España.]

Canción: Tuyo
Intérpretes: Vuelta en U

Fuente: Nómadas del Espíritu 

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