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La cosa es que es cosa suya

por Elena Fernández Andrés
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«En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer. Él les replicó: Dadles vosotros de comer. Ellos le preguntaron: ¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer? Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.» (Marcos 6, 34-38)
Las lecturas del Evangelio de estos días me están gustando especialmente. Del evangelio del lunes me quedo con el «Convertíos» de Jesús (cfr. Mateo 4, 12-17. 23-25). Creo no equivocarme si digo que todos tenemos una necesidad permanente de conversión, de dejarnos hacer por el Espíritu Santo para «estar a la altura» de la maravillosa vocación a la que hemos sido llamados como cristianos.

Del Evangelio del día 8 me gusta especialmente la pregunta del Señor: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver». Creo que a veces no somos conscientes de lo que tenemos, de los dones y talentos que nos da el Señor. Y Él nos invita a descubrirlos con su «id a ver».Bajo la luz de su mirada es cuando descubrimos la inmensa riqueza de su obra en nosotros y a través de nosotros. 

Tal vez si viviéramos más pendientes de los demás y con la certeza de que no son para nosotros sino para ellos, estaríamos más atentos para descubrirlos, desarrollarlos y ponerlos al servicio en lo más pequeño y cotidiano. En lo común, en lo que surja día a día.

«Cuando lo averiguaron le dijeron: `Cinco, y dos peces´. Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres» (Marcos 6, 39-44)
Y en la frase «alzando la mirada al cielo» creo que está la clave del servicio: realizarlo para la Gloria de Dios y para devolverle los dones y talentos que nos ha dado sirviendo a los demás con ellos. 

Partiéndonos y repartiéndonos. Sin necesidad de llevar cuentas. Al fin y al cabo… que se multipliquen es cosa del Señor. Que se multiplique nuestra vida en su servicio, que el fruto final sea la sobreabundancia… es cosa suya… y nada más que suya… 

A nosotros nos toca acoger la bendición que Dios nos da y dejarnos hacer mientras trabajamos para su Reino. Y a Él le toca saciar nuestras vidas, nuestras almas, nuestros corazones según la medida de su Corazón. Qué descanso para nuestra vida saber que es así…

«Dadles vosotros de comer». Es tremenda la invitación y el envío que Jesús nos hace… Hoy me pregunto y te pregunto…

¿Qué les vamos a dar?

Canción: Quiero servirte
Autor: Celinés Díaz

Fuente: Nómadas del Espíritu 

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