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Citas con La Biblia (V)

por Carlos L. Rodriguez Zía

A las puertas del comienzo de un nuevo período de Adviento, tiempo de preparación para la Navidad, nacimiento del niño Dios, compartimos con los lectores de Misioneros Digitales Católicos  estos pasajes de las Sagradas Escrituras.

Si buscamos en el diccionario la definición de la palabra revelación, encontraremos que dice que es la “manifestación de una verdad secreta u oculta”.  Muchas veces, la palabra de Dios  nos resulta algo complica  de entender, lejana a nosotros, difícil de encontrarla. Pero está ahí, ante nuestras narices. A cincuenta y cinco días de la Navidad, ojalá que seamos humildes y sabios –como los pastores y los magos- y no se nos pase por alto la hermosa revelación del Dios hecho hombre. Ayudar en eso es la sencilla intención de esta quinta entrega de Citas con La Biblia.

Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy». Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: «Yo soy» me envió a ustedes».

Éxodo 3, 14.

«Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones».

Jeremías 1, 5.

“Le señaló un número de días y un tiempo determinado, y puso bajo su dominio las cosas de la tierra”.

Eclesiástico 17,2.

“El espíritu del Señor habla por mí y su palabra está en mi lengua”.

Segundo libro de Samuel 23, 2.

Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo”.

Mateo 16, 17.

“Yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo”.

Gálatas 1, 12.

“Tengan en cuenta que la paciencia del Señor es para nuestra salvación, como les ha escrito nuestro hermano Pablo, conforme a la sabiduría que le ha sido dada”.

Segunda carta de San Pedro 3, 15.

Lo que me ocurre al leer y releer los dos primeros  pasajes de los aquí citados de La Biblia, es sentir que alguien me zamarrea y me dice que de una buena vez  me enteré de que Dios, el Señor Todopoderoso, cuenta, necesita de mi ayuda, la de un pecador, para que su pueblo conozca su palabra. Y no es algo que se le ocurrió de repente. Como lo dice el profeta Jeremías, Dios nos tenía en cuenta desde antes de que existiéramos. Además, si por esas cosas de la vida esta elección nos sorprende, reparemos en el versículo del Eclesiástico que nos indica que Dios confía tanto en nosotros que nos da su creación para que la cuidemos.

Pero sabio como pocos –en verdad, el único- el Padre, a través de la voz de un prójimo, nos ayuda a no caer en la tentación de creérnosla y nos recuerda que nuestra misión es difundir su palabra, no nuestras ideas. Esto era algo que tenía clarísimo hasta el mismo Jesús.

Sin embargo, algo que he aprendido es que para transmitir la palabra de Dios primero hay que encontrarse con él, como lo señala San Mateo  y así poder ser tan dichosos como Simón. ¿Y si nos cuesta encontrarnos, ver al Padre, como le sucedió al apóstol Felipe? No nos preocupemos. Como San Pablo nos dice en la carta a los Gálatas, nos ha enviado a su hijo para mostrarnos a Dios.

Por último, mientras tomamos conciencia de nuestro rol de profetas y dejamos que Dios se revele ante nosotros, recordemos algo muy importante: él tiene una paciencia infinita y nos ama.

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