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La intuición de Juan Bautista era correcta

por Elena Fernández Andrés
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«En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»

Así comenzaba el pasado Domingo día 15, III de Adviento, el evangelio según san Mateo (11, 2-11) que se leía en la Eucaristía.

Escuché y leí varios comentarios-homilías ese día, y en todos ellos se hablaba del dudar, de las faltas de fe, que todos podemos vivir momentos de dudas y oscuridad como el de San Juan Bautista… Todos ellos fueron enriquecedores, pero no encontré en ninguno lo que yo sentí orando este evangelio y que ahora os quiero compartir:

Juan era el precursor, la voz que clamaba en el desierto, quien urgía a la conversión del corazón para preparar la venida del Mesías. Su vida era urgencia porque Aquel que anhelaba su corazón estaba por llegar, pronto, muy pronto.

Y entonces es encarcelado. Como en la imagen que comparto, elegir a Dios y vivir en la verdad nos puede traer muchas veces sufrimiento, incomprensión y lejanía de aquellos que amamos, persecución de aquellos que no nos quieren, soledad, el corazón se nos vuelve a romper… Es profundamente doloroso muchas veces elegirle y elegir vivir en la verdad. ¿Pero qué otra cosa podemos hacer?

Creo que San Juan Bautista vivió esto en la cárcel. No creo que tuviera dudas de fe. Creo que la urgencia de su corazón le hacía clamar por conocer si Jesús era el Mesías que él esperaba. No por dudas, sino porque sabía que su fin, su muerte, estaba cerca y su corazón necesitaba descansar en la certeza de haber cumplido su misión. De no haber fallado al Espíritu de Dios que le movía. 

Con profunda humildad hace llegar su pregunta, intentando comprender los designios del Dios Amor al que había entregado su vida y que ahora le había llevado a la cárcel sin saber si la intuición de su corazón era correcta: que Él estaba cerca. 

Y me imagino a Juan descansando, aún en medio de su sufrimiento y soledad, con una media sonrisa al recordar la respuesta que le había mandado traer Jesús: «Id y anunciad a Juan lo que estás viendo y oyendo…».

Sí, Juan, tu intuición era correcta. Tu docilidad al Espíritu Santo te llevó a cumplir la misión para la que habías nacido. Ahora sufres y estás solo, pronto morirás, pero has sido un fiel cumplidor, en lo poco y en lo mucho. ¡Entra en el gozo de tu Señor! (cfr. Mateo 25, 23). Y allí, de sus propios labios, escucharás la hermosa alabanza que quiso que quedara escrita para la posteridad: «En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista».

Querido Juan, enséñanos a amarle, a esperarle y a clamar, como tú, ¡ven, Señor Jesús!

Canción: Enséñame a amarte.
Autor: Juanjo Trujillo 
Intérprete: Azeneth González

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