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LOS LUGARES SANTOS

por Carlos L. Rodriguez Zía
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Gracias a Dios, los cristianos tenemos muchos sitios a los que llamamos Lugares Santos. Son espacios donde el amor del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se han expresado.

En esta Semana Santa, a lo largo de estas líneas, los invitamos a conocer los principales lugares santos en donde Jesucristo llevó a cabo su obra. Si tienen la dicha de poder visitar Tierra Santa, territorio de encuentro de judíos, cristianos,  musulmanes y de todos los hombres de buena voluntad, pueden buscar toda la información necesaria en la página de los Misioneros Franciscanos al servicio de la Tierra Santa.

El CENÁCULO

“¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? (Mc 14, 12), habían preguntado los discípulos. Id a la ciudad —respondió el Señor— y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle, y allí donde entre decidle al dueño de la casa: «El Maestro dice: «¿Dónde tengo la sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?»» Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista y dispuesta. Preparádnosla allí» (Mc 14, 13-15). El edificio identificado como Cenáculo es una estructura pequeña de dos pisos dentro de un gran complejo de edificios en la cima del Monte Sion. Con el propósito de recordar el lugar donde Jesús compartió con sus discípulos la  Última Cena, los franciscanos construyeron el piso superior en el siglo XIV. La habitación del piso inferior, debajo del Cenáculo, contiene un cenotafio que desde el siglo XII es conocido como «la tumba del rey David», aunque el lugar que se menciona como la sepultura del rey estaba en la «Ciudad de David» en la ladera de Ofel (I Reyes 2:10). La actual Capilla del Coenaculum  o  Cenáculo fue construida por los franciscanos a su retorno a la ciudad en 1335. Pero el Cenáculo no es sólo el lugar donde tuvo lugar la Última Cena. Es el sitio donde se produce la institución de la Eucaristía y de los Apóstoles como sacerdotes de la Nueva Alianza; el lavatorio de los pies; es el lugar donde el Señor resucitado se aparece en dos ocasiones a los Apóstoles. En tanto, los Hechos de los Apóstoles nos han transmitido también que la Iglesia, en sus orígenes, se reunía en el Cenáculo, donde vivían Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo y Simón el Zelotes, y Judas el de Santiago. Es en esa sala, en el día que llamamos Pentecostés, donde recibieron la gracia y la fuerza del Espíritu Santo para dejar la protección de sus paredes y salir al mundo a predicar la buena nueva (Hechos 2:2-3).

El Cenáculo
El Cenáculo

El HUERTO O MONTE DE LOS OLIVOS (GETSEMANÍ):

El Monte de los Olivos
El Monte de los Olivos

Se ubica al este de Jerusalén y separa la Ciudad Santa del desierto de Judá. Los olivos que crecen en sus laderas le dan el nombre con el que todo el mundo lo conoce. El pueblo judío, nuestros hermanos mayores en la fe como los llamó San Juan Pablo II, le dan el nombre de Monte de la Unción,  pues allí  los reyes y los sumos sacerdotes acostumbraban ser ungidos con el aceite obtenido de sus olivos. Por su parte, los árabes lo denominan montaña por excelencia o monte santo. Este lugar sagrado ha desempeñado un rol destacado en la historia bíblica. De acuerdo con el testimonio de los profetas, el Monte de los Olivos será el lugar designado por Dios para el Día del Juicio y la resurrección de los hombres rectos (Jl 3,4-5). Además, el Monte de los Olivos era paso obligatorio para quien se dirigía desde la aldea de Betania hacia Jerusalén; así lo haría Jesús, huésped de Lázaro y de las hermanas Marta y María. El monte distaba de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado, es decir, el número de pasos permitidos por la ley judía (Hch 1,12). Es de destacar que San Lucas remarca de manera especial la costumbre que tenía Jesús de frecuentar el Monte o Huerto de los Olivos, adonde se retiraba para pasar la noche o para enseñar a sus discípulos (Lc 21,37; 22,39). Finalmente, el Monte de los Olivos es el escenario de varios de los pasajes más importantes de la vida pastoral de Jesús. Es ahí donde le enseña a sus discípulos el Padre Nuestro; donde ora antes de que lo arresten para ser crucificado, concretando la más grande muestra de amor por su pueblo, el pueblo querido por su Padre. Y es donde se produce su ascensión al cielo, acaecida en la cima, en el edículo de la Ascensión. Yendo a nuestro presente, es muy común que los visitantes que llegan a Tierra Santa esperen encontrarse con un terreno inmenso, lleno de olivares y alejando del ruido propio de una gran ciudad. Todo lo contrario. El Huerto de los Olivos, a cargo de los Padres Franciscanos desde 1681, está localizado al este del Valle del Cedrón, flanqueado por el sendero asfaltado que sube hacia el Monte y Carretera de Jericó. Situado a la entrada de la propiedad del santuario de Getsemaní, ocupa unos 1200 metros cuadrados.

LA VÍA DOLOROSA (EL VIA CRUCIS)

La Vía Dolorosa

Bautizada La Vía Dolorosa, el Vía Crucis se inicia en el lugar denominado desde el “Litóstrotos” (que en griego significa empedrado). Se cree que en este lugar fue juzgado Jesús por Poncio Pilato ya que el empedrado se parece al que Juan describe, pero según los historiadores es más probable que haya sido juzgado en el palacio de Herodes el grande. El lugar exacto de cada estación no es conocido, salvo por la primera y las dos últimas. Cuenta una leyenda piadosa que la Virgen María solía hacer este recorrido recordando lo que su hijo, por fidelidad y amor al Padre y a sus hermanos, había padecido. De acuerdo con  testimonios posteriores, fue precisándose poco a poco el camino por el que Jesús había pasado a través de las calles de Jerusalén, al mismo tiempo que se determinaban también las estaciones, es decir, los sitios donde los fieles se detenían para contemplar cada uno de los episodios de la Pasión. Los cruzados —en los siglos XI y XII— y los franciscanos —desde el XIV en adelante— contribuyeron en gran medida a fijar esas tradiciones. De esta forma, en la Ciudad Santa, durante el siglo XVI ya se seguía el mismo itinerario que se recorre actualmente, conocido como Vía Dolorosa, con la división en catorce estaciones. Leo esto y me pregunto: ¿es vital saber el lugar exacto donde Jesús, por ejemplo, cayó y se levantó tres veces?  Lo importante a la hora de realizar el Vía Crucis (que es una expresión latina que significa Camino de la Cruz), de recorrer la Vía Dolorosa, en Tierra Santa o en cualquier templo, es tener presente por qué lo hizo Jesús. Fue por amor.

EL SANTO SEPULCRO

El Santo Sepulcro

Considerado el lugar más santo del Cristianismo, es hoy en día una iglesia románica del tiempo de los cruzados (siglo XII), que fue edificada sobre ruinas de la primera basílica, la de Santa Elena. En su interior se encuentran y preservan el calvario y el Santo Sepulcro de Jesús según una tradición muy bien fundamentada.  Pero aunque en la actualidad la iglesia se encuentra dentro de la moderna muralla turca, sabemos que el lugar en la época de Jesús quedaba fuera de la segunda muralla romana, junto a una de sus puertas. Era entonces una antigua cantera abandonada que se había ido cubriendo de tierra y sedimentos dando lugar a un jardín. En el centro había quedado un espigón de roca rajada que era usada por los romanos para las ejecuciones, y en la pared norte de la roca había cuevas excavadas que eran utilizadas como tumbas. Muchos que han tenido la bendición de estar ahí cuentan que una de las grandes sorpresas es comprobar lo cerca que está el Santo Sepulcro del Calvario, tanto que se puede decir que caben bajo un mismo techo. Y comentan que es motivo de una cierta incertidumbre para el peregrino. “Uno no sabe qué preferir: si permanecer en el Calvario o bajar al Santo Sepulcro. Por eso corretea de un lado para el otro sin saber dónde posarse”.

El Santo Sepulcro, vista exterior

Muerte y resurrección están tan próximas. El dolor y la alegría están tan contiguos. Pero siempre recordemos que Jesús resucitó. Y está vivo. Como supo decir un Papa: “El Domingo de Pascua no estemos con cara de Viernes Santo”.

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