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Meditación del 31 de mayo

por Pbro. Luis A. Zazano
Juan 20, 19-23

Evangelio según San Juan 20,19-23.

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

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50 días después.

1) Las puertas cerradas: Pentecostés significa 50 días después. Nos invita a recordar que Jesús está más vivo que nunca, porque te viene a dar fuerzas y ánimo para seguir adelante. Te recuerda que vos tenés muchísimo para dar y hay gente que necesita de vos. No podés estar encerrado en vos mismo ni tampoco ensimismado. Hay vida y hay fuerza. Jesús no te deja en banda porque te necesita para su equipo.

2) La paz: es lo que necesita nuestro corazón siempre, porque en este mundo es lo que más rápido perdemos y nos olvidamos. El corazón con paz hace que tu vida sea un potencial para todos y por la cual juntos logramos grandezas. Tener paz implica confirmar tu caminar y aliviar tu caminar.

3) Reciban: es el Espíritu Santo. Es el Señor quien nos fortalece y nos anima. Es su gracia la que nos permite caminar a la felicidad. El Espíritu es quien nos permite forjar la vida. Damos gracias a Dios porque nos pone toda la fuerza y nos anima a seguir. Termino con la secuencia:

SECUENCIA DE PENTECOSTÉS
Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.

Consolador lleno de bondad,
dulce huésped del alma
suave alivio de los hombres.

Tú eres descanso en el trabajo,
templanza de las pasiones,
alegría en nuestro llanto.

Penetra con tu santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.

Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.

Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.

Suaviza nuestra dureza,
elimina con tu calor nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.

Concede a tus fieles,
que confían en ti,
tus siete dones sagrados.

Premia nuestra virtud,
salva nuestras almas,
y danos la eterna alegría.

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Un año con Jesus

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1 comentario

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ana alvarellos mayo 31, 2020 - 12:25 pm

¿A mí, qué es lo que me revolucionó la vida? El darme cuenta de que el Señor, cuando me decidí de ir a Él, hace muchos años, es decir, cuando decidí en mi corazón ir a hablar con un cura que acababa de conocer, porque sentía la necesidad, ni siquiera me dejó el tiempo de ir, sino que Él mismo me vino al encuentro, abrazándome y diciéndome que hacía ya mucho que me esperaba, así como yo era. Yo me había preparado una lista de todo lo que me pesaba en el corazón, y me sorprendió este modo de recibirme, acogerme, aceptarme, y el hecho de que no me pidiera que le repitiera lo que había hecho mal durante los años de adolescencia. El abrazo y el perdón me renovaron por completo, me hicieron nuevo, me devolvieron una vida que había tirado por la ventana en algunas actitudes copiadas del mundo en el que estaba sumergido, y que siempre se repetía revolcándose sobre sí mismo. Regalemos a todos ese perdón que hemos recibido y que nos ha renovado devolviéndonos aquel ser hijos, que habíamos perdido y que estaba ahogado en los barros hediondos de las cosas que todos sabemos.

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