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Mateo 28,16-20

por Pbro. Luis A. Zazano
Mateo 28, 16-20

Evangelio según San Mateo 28,16-20.

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».

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La mirada en el cielo.

1) Fueron a Galilea: es el proceso cristiano, el generar comunidad. Por donde va Jesús, hay comunidad y comunión. Hoy los católicos debemos estar más unidos que nunca, buscando el bien de todos y queriendo el bien para todos, cristianos y no cristianos. Porque tenemos a Jesús y Él nos une, no nos aísla.

2) Vayan: tenemos que acortar distancias. Vos y yo tenemos mucho para dar pero por sobre todo somos sus discípulos, estamos en su equipo y apuntamos para adelante, porque queremos llevar paz a todos. No podemos ser aduaneros de la fe, no podemos andar como policías de vialidad pidiendo documentos para ver si sigue o no en el camino cristiano. Hacela más fácil y dejá de andar mostrando un cristiano burocrático que solo se maneja con papeles y reglas.

3) Estará con nosotros: Él nos prometió que donde dos o más estén reunidos en su nombre, Él nos acompaña. Por eso, juntos podemos hacer muchísimo y lograr crecer en muchas cosas. Vuelvo a repetirte, Dios no te deja solo nunca, va al lado tuyo y si te caes te levanta porque sabe lo que implica este camino…

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Un año con Jesus

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1 comentario

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ana alvarellos mayo 24, 2020 - 1:14 pm

Lo que hoy me llama la atención son dos frases: “Sin embargo, algunos todavía dudaron”, y … “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra” …
La duda forma parte de nuestra naturaleza y solo el amor vivido elimina todas las dudas, cuando nos damos cuenta de que hemos sido amados y que todavía somos inmensamente amados por Jesús, en Quien es bueno quedarse con el corazón y con la cabeza, sin tomarnos vacaciones o ausentarnos para escapar. Jesús es y sigue siendo el centro de nuestra vida actual, justamente para no caer en la duda, comportándonos como indiferentes e ingratos. Su poder es el poder de Dios Padre con quien está unido en una única realidad y en una única voluntad: ¡nuestra salvación! Él tiene las llaves de la Vida, habiendo muerto y vencido a la muerte, ya resucitado, y nosotros perdemos tiempo en inútiles divagaciones y creando fantasías sin sentido cuando no aceptamos estas palabras Suyas. Jesús sube al cielo porque así lleva a su cumplimiento lo que había iniciado con la Encarnación, es decir para que lleguemos a participar de la naturaleza divina (II Pedro, 4). ¡Esto quiere darnos Jesús! ¡A nosotros que dudamos de su amor hasta en las cosas más simples! Como por ejemplo decir gracias al participar en la Eucaristía.

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