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“Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida”

por Mons. Luis José Rueda Aparicio
Transfiguración

La oración, es un diálogo de amor con Dios

Evangelio según san Lucas 9, 28b -36

En aquel tiempo, tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús:

-Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.  No sabía lo que decía.

Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube.

Y una voz desde la nube decía:

-Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo.

Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra del Señor

Transcripción de La Voz del Pastor del 13 de marzo de 2022

En este segundo domingo del camino cuaresmal, subir con Jesús al monte de la transfiguración nos permite ir como discípulos del Señor para orar con Él, porque Él sube a orar con Pedro Santiago y Juan, pero en estos apóstoles está representada a la Iglesia, la humanidad que se pone en camino con Jesús para ir a la montaña.  Cuaresma es un tiempo de oración, pregúntese si usted está profundizando en la oración, si está creciendo en la madurez de su oración.

La oración es un diálogo de amor con Dios, es tomar el pensamiento de Dios y llevarlo a nuestra vida, es actuar como Dios, es entrar en la lógica de Dios, es la oración mental, es la oración personal, es la oración de la Iglesia, es la oración de la familia donde encontramos la fuerza para vivir este camino con el Señor.

Jesús subió a la montaña a orar con sus discípulos y llevó su familia y llevó toda la Iglesia y la humanidad entera para transfigurarla allí junto a Él, y miren como el Antiguo Testamento aparece representado por estos personajes, están allí Abrahán, está Moisés, están los profetas, están allí, para decir que: “Toda la historia de salvación se encuentra reflejada en la misión y en el camino que Jesús nos está proponiendo”.

Cuando leemos el Antiguo Testamento, entendemos la novedad del Nuevo Testamento que nos propone al Hijo de Dios, como el camino, como la verdad y la vida, además, debemos tener en cuenta que se escucha una voz, allí en la montaña, que los cubre, una nube, la nube del espíritu que quiere conducirnos como condujo al pueblo por el desierto durante 40 años de peregrinación, y esa voz necesita un corazón abierto, necesita una conciencia despierta, escuchen la voz del Señor, no endurezca en el corazón, nos va a decir el Antiguo Testamento y aquí hoy escuchamos la voz del Señor que dice: “Este es mi Hijo amado”,  así como había dicho en el momento del bautismo en el Jordán; “Este es mi Hijo amado, escúchenlo a Él”.

La Iglesia, con el papa Francisco, nos está proponiendo un Camino Sinodal que se caracteriza por la escucha.  Escuchar la conciencia para escuchar a Dios; escuchar al hermano para escuchar a Dios; si somos sordos a nuestra conciencia, si somos sordos a los hermanos, empezando por la familia, seríamos sordos a la voz de Dios que quiere que escuchemos a su Hijo amado y que escuchándolo nos dejemos transfigurar en esa escucha, nos dejemos transformar por esa voz que le habla a nuestra vida y a nuestra historia.

Qué bello es el amor de Dios, qué hermosa, qué poderosa es la misericordia de Dios que sigue hablándonos, que sigue dialogando con nosotros, y nos enseña a abrir el corazón, a abrir los oídos para que nos escuchemos unos a otros, y cuando nos escuchamos, empezamos a amarnos hermanos y a caminar juntos en la Cuaresma hacia la pascua.

Que el Señor permita que su familia se vuelva un lugar y un santuario de la escucha de Dios y de los demás.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


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