«La oración del humilde atraviesa las nubes»
Evangelio según san Lucas 18, 9-14
EN aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así en su interior:
“¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.
El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo:
“¡Oh Dios! Ten compasión de este pecador”.
Les digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 26 de Octubre de 2025
Estamos ya en el último domingo del mes de octubre. Se termina este mes, pero no se termina el sentido de este mes, que es seguir orando por las misiones, y seguir orando el Santo Rosario sin desfallecer.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
El domingo pasado y en este domingo, el Señor Jesús nos está hablando en el capítulo 18 de San Lucas sobre la oración.
La semana pasada nos invitaba a orar sin desfallecer, y la figura era una mujer viuda. Hoy nos pone el Señor otro ejemplo; dos hombres que suben al templo a orar, y tienen actitudes bien distintas. Pero me gusta mucho la oración humilde, sincera de un hombre que se siente pecador. Oh Dios, ten compasión de este pecador. Es la forma de orar. Me encanta esa oración; la repito yo, muchas veces. Oh Dios, ten compasión de este pecador. Y es bueno que la repitamos con humildad, con sinceridad.
Nos reconocemos pecadores, pero llegamos a la presencia del Señor, con nuestras heridas, con nuestros sufrimientos, con nuestras equivocaciones, con nuestras confusiones, pero llegamos a la oración y el Señor ve lo profundo de esa persona, es que cuando el Señor nos permite estar en su presencia, no tenemos que maquillarnos, no tenemos que inventar, no tenemos que falsificar nada, porque es un encuentro en la profundidad de la amistad sincera con Dios.
Y me gusta que, en la primera lectura en el libro del Eclesiástico, la oración del humilde atraviesa las nubes… La oración del humilde atraviesa las nubes.
Pues el Señor, nos está mostrando de esta manera que la oración debe ser agradecida, debe ser perseverante, pero, además, debe ser una oración humilde. Allí no llegamos a convencer a Dios de lo que somos. Simplemente, llegamos a presentarnos con lo que tenemos. con lo que somos, con lo que nos falta.
Que en esta semana usted y yo podamos humildemente decirle al Señor: “Señor, ten compasión de mí, de mi familia y de la humanidad, porque somos pecadores.”
Y sigamos unidos en la oración del Santo Rosario y sigamos unidos en la misión, siguiendo el camino del Señor, seremos sembradores, misioneros, hombres y mujeres que llevan esperanza al mundo.
Que el Señor nos bendiga y acompañe.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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