Como anglicano, John Henry Newman tuvo una piedad doctrinal que fue nutrida por su estudio de los Padres de la Iglesia.
Desde el 2do siglo San Ireneo aprendió que María es la Nueva Eva que desató el nudo atado por Eva. Más adelante, Newman enseña la doctrina de la Inmaculada Concepción de María. Primero explica la caída de Adán y las consecuencias para todos sus hijos. “Pero María nunca estuvo en este estado; por el decreto eterno de Dios ella estaba eximida.” Ella fue preservada del pecado para convertirse en la Madre del Redentor.
Al convertirse en católico, la devoción de Newman por María creció significativamente. Estas meditaciones son un ejemplo de su piedad mariana. Él nos invita a orar con la Iglesia: Virgen, la más pura, concebida sin pecado original, María, ruega por nosotros.
María es la “Virgen Purísima”, la Virgen más pura
Por la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen se entiende la gran verdad revelada de que fue concebida en el vientre de su madre, Santa Ana, sin pecado original.
Desde la caída de Adán, toda la humanidad, sus descendientes, son concebidos y nacen en pecado. “He aquí”, dice el escritor inspirado en el Salmo Miserere: “He aquí, fui concebido en la iniquidad, y en pecado me concibió mi madre”. Ese pecado que nos pertenece a cada uno de nosotros, y que es nuestro desde el primer momento de nuestra existencia, es el pecado de la incredulidad y la desobediencia, por el cual Adán perdió el Paraíso. Nosotros, como hijos de Adán, somos herederos de las consecuencias de su pecado, y hemos perdido en él ese manto espiritual de gracia y santidad que le había dado su Creador en el momento en que fue creado. En este estado de confiscación y desheredación, todos somos concebidos y nacidos; y el camino ordinario por el cual somos sacados de él es el Sacramento del Bautismo.
Pero María nunca estuvo en este estado; ella estaba por el eterno decreto de Dios eximida de ello. Desde la eternidad, Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, decretaron crear la raza del hombre y, previendo la caída de Adán, decretaron redimir a toda la raza mediante la carne y el sufrimiento del Hijo en la Cruz. En ese mismo instante incomprensible y eterno, en el cual el Hijo de Dios nació del Padre, también fue el decreto aprobado de la redención del hombre a través de él. El que nació de la Eternidad nació por un eterno decreto para salvarnos en el Tiempo y redimir a toda la raza; y la redención de María fue determinada de esa manera especial que llamamos la Inmaculada Concepción. Se decretó, no que ella debería ser limpiada del pecado, sino que debería, desde el primer momento de su ser, ser preservada del pecado; para que el Maligno nunca haubiera tenido parte en ella. Por lo tanto, ella era una hija de Adán y Eva como si nunca hubieran caído; ella no compartió con ellos su pecado; ella heredó los dones y gracias (y más que aquellos) que Adán y Eva poseyeron en el Paraíso. Esta es su prerrogativa, y la base de todas esas verdades saludables que se nos revelan acerca de ella. Digamos entonces, con todas las almas santas, Virgen más pura, concebida sin pecado original, María, ruega por nosotros.
Traducción: Marielos González
Un pequeño aporte tuyo nos permite
continuar con nuestra labor
¡Gracias por tu generosidad!
¡Dios te bendiga!
[ecp code=”Matched_Content”]
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.
