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Gracias a Dios por haber creado a la mujer

por Pbro. Leandro Bonnin
Flores en manos de mujer

Filósofos, poetas, enamorados, papas, historiadores… han escrito párrafos inmortales sobre la MUJER.

Yo no pretendo emularlos, ni igualarlos, sino más bien hacer un personal «magníficat» a quien las ha creado.

¿Cómo no dar gracias a Dios si los nueve primeros meses de mi vida los transcurrí en el seno de una de ellas?

Y ya después de nacer, una mirada femenina, unas manos femeninas, un corazón femenino, un cuerpo femenino y materno constituyó la experiencia primordial de lo que es el AMOR y lo que es la VIDA, con mayúsculas. Porque eso, ser amados y amar, es vivir. Y es en esa experiencia del amor donde comencé ya desde entonces a conocer a Dios.

Pero más allá de mamá, otras presencias y miradas femeninas atraviesan mi infancia y mi adolescencia, creando una atmósfera cálida, humana, de amor incondicional, de ternura dosificada en justas proporciones.

Presencias de abuelas fuertes, alegres y disponibles, un poco malcriadoras y sobre todo hipernutrientes…

De hermanas mayores inteligentes y fuertes, originales y talentosas, que alternaron enseñanzas domésticas, morales y literarias con abundantes peleas y retos, en respuesta justa a mis cabezudas manifestaciones de rebeldía.

De maestras jardineras y de primaria, y de profesoras increíbles, mujeres plenas y libres, hermosas de cuerpo y alma, que dejaron huellas indelebles cada una a su manera.

Y también de compañeras de curso y amigas de la primaria y la secundaria, en vinculación con las cuales de manera apasionante y misteriosa se fue desplegando mi propia experiencia de ser varón, en la vivencia también de los enamoramientos infantiles y adolescentes.

Aprendí a ser varón -así lo entiendo- gracias a la interacción con todas y cada una de estas mujeres niñas, adolescentes adultas y ancianas que Dios puso en mi camino (y no enumero las que conocí después para no aburrir)

Aprendí a ser varón no contra la mujer sino junto con ella. Viviendo la complementariedad en la familia, la amistad, el trabajo y el estudio, con gozo, incluso en medio de las infaltables pequeñas tensiones.

Por eso y por mucho más, doy gracias a Dios por haber creado a la mujer.

Y le pido que todas y cada una sean plenas, sean felices, sean amadas, sean respetadas, vivan dignamente, descubran y elijan dar lo mejor de sí mismas desde esa identidad hermosa que han recibido del Creador: ser, como mujeres, transparencia de su Ternura incondicional.

P. Leandro Bonnin

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