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¿Quién es Jesús?

por Pbro. Carlos Padilla E.
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Es muy conocida su historia. Casi nadie la ignora. Saben cómo empieza. Conocen el final. Recuerdan muchas cosas del medio. Conocen a los detractores, a los seguidores. Los buenos y los malos.

Parece fácil saber quién era ese Jesús. Un profeta. El Mesías. Un revolucionario. Un sanador. Un pescador de almas. Un simple carpintero. Un peregrino errante. Un hombre herido de amor. Un pobre sin estudios. Un hombre de Dios. Un hombre lleno del Espíritu. Un hijo. Un Padre. Un hacedor de milagros. Un salvador. Un amigo. Un médico de almas. Una luz en la oscuridad. Un pozo en el desierto. Un hombre lleno de misericordia. Un rebelde. Un inconformista. Un soñador. Un niño alegre.

¿Quién es Jesús? ¿Quién fue? ¿Quién es Jesús para mí? ¿A quién busco? ¿Qué espero encontrar? Jesús pasó haciendo el bien. Un hombre como muchos hombres. Escondido en la multitud. Entresacado del pueblo. Un hombre cualquiera. ¿Cómo lo encuentro? Vivió entre los pobres. Murió entre los malvados, después de haber vivido haciendo el bien. Sanó a muchos, pero no a todos. Salvó amando, perdonando. Amó salvando. Vivió oculto. Se manifestó en sus palabras y hechos. Lo encontraron diciendo lo que pensaba. Guardó silencio cuando querían matarlo. No defendió su causa. No huyó de la injusticia. ¿Cómo cuento la historia de Jesús en medio de un mundo que no quiere escucharla? ¿Cómo explico quién era a quienes parece que no necesitan saberlo o tal vez creen saberlo todo? Miro a Jesús como un hombre entre los hombres. Un niño de Dios enamorado de la vida. Un hombre que amó hasta el extremo, dando su vida por los suyos. ¿Cómo puede aceptar el hombre que Dios todopoderoso se haga carne mortal, carne de su propia carne? Parece todo una locura. Un Dios limitado en el tiempo y el espacio de la carne. El corazón se rebela ante lo imposible. No puede ser. Dios no puede abandonar el cielo. Lo necesito allí, lejos, poderoso, salvador. No resisto un Dios humano que pueda morir a manos de los hombres. Prefiero que Dios permanezca anclado en el cielo. En un lugar seguro. Distante, lejos de mí. No tan cerca como para que pueda tocarlo. Porque no quiero tener a mi alcance a un Dios tan limitado. En el Musical 33 me muestran un Dios humano. Un Cristo que salva amando. Jesús lo repite una y otra vez en una frase que se convierte en tema recurrente: «La única religión, el único camino, el único mandato, será el amor». Jesús pasó amando. Miró el corazón del hombre y lo salvó amándolo. Y mi corazón se llena de esta palabra. Su amor es un amor hecho carne, un amor que se hace vida para darme la vida.

¿Quién es Jesús en mi vida? ¿En qué me ha cambiado su mirada? Es la pregunta que escucho en canciones. Jesús me pide que me haga niño como dice una de las canciones de Toño Casado del Musical 33: «Como niños confiados en las manos de su madre dormiréis. Dios es Padre que nos cuida, que nos da amor y pescado. ¿No lo veis? Las puertas hacia el cielo estrechas son. Los niños allí se colarán. Habrá mil rendijas para los pequeños, naced del viento». Jesús me invita a nacer de nuevo. Llega a mi vida para cambiarla desde dentro. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Es su historia tan sólo una historia que acabó en una tumba vacía? ¿Un Jesús que no pudo salvar a todos y acabó claudicando ante la cerrazón humana, ante la dureza de su corazón? ¿Un Jesús humano que no logró construir un puente hacia el cielo y acabó rendido y solo en una cruz? El Musical muestra la imagen llena de luz y misericordia de un Dios que se hace carne para llevarme hasta Él. Y me invita a dejarlo todo y hacerme niño para llegar al cielo. Pero no a una nube en la que viva solo, tocando el arpa para siempre. Sin pausa, sin pasión, sin vida. No es ese el cielo que sueño. Quiero un cielo que sea prolongación del amor hecho carne que vivo aquí en la tierra. Un Dios que se hace hombre para hacerme más llevadero el camino, para sostener mis pasos débiles. Para hacerme soñar con imposibles. El mundo puede tener más luz. Como dice una de las canciones del musical: «El Espíritu de Dios está dentro de mí. Y me empuja con la fuerza de un volcán a gritarles que las cosas no debieran ser así. Y que el reino del amor empieza ya. Que los ciegos vean el sol, que sientan su calor. Que los pobres hagan fiesta. El mundo es nuestro hogar. Libertad al oprimido. Para todos el perdón». Jesús con su amor hace que todo sea más fácil, más llevadero cargar con mi cruz, con el dolor, con mis angustias. Y me llena de esperanza en medio de la debilidad de mi propia vida. No quiero reducir mi religión a un montón de normas que intento cumplir para no salirme del camino marcado. Para ir al cielo. Y vivir con tensión la vida sin amar, sin abrazos, sin sonrisas. No quiero cargar a nadie con fardos pesados. No lo quiero. Quiero llenar de luz las oscuridades del alma. Encender hogueras en medio de la tiniebla. Cuando la pobreza y la injusticia parecen oscurecer la ilusión y acentuar el hambre. Creo en ese Jesús que enamoró a Pedro. Ni las redes, ni los mares, le impidieron seguirlo. Ese Jesús que me enamoró a mí. ¿Quién es Jesús para mí? El alma tiembla. Miro a Jesús que salva mi camino.  

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1 comentario

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Paula mayo 21, 2019 - 8:08 am

Quiero ser la niña de tus ojos siempre mi amado Jesús.!

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