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Pagado con un vaso de leche

por Pbro. Eduardo Acosta

En esta cuarta reflexión, siguiendo el estilo que será propio de estas breves consideraciones que quiero compartir con las familias, les narro un suceso de la vida real, que he recogido en alguno de los libros que he leído. Reconozco que no recuerdo el título. Da lo mismo.

En el Evangelio Jesús da una enorme importancia a las obras de caridad y de misericordia que tengamos con nuestros prójimos. Es más, las preguntas que nos hará, tanto en el Juicio Particular, a la hora de la muerte de cada uno; y las del Juicio Final, tienen que ver con la caridad, con el Amor. Siguiendo el estilo que será propio de estas breves consideraciones que quiero compartir con las familias, les narro un suceso de la vida real, que he recogido en alguno de los libros que he leído. Reconozco que no recuerdo el título. Da lo mismo.

Se trata de un muchacho muy pobre, que era vendedor de chucherías y tenía la costumbre  de ir casa por casa, tocaba el timbre y ofrecía sus productos. Con lo que vendía se pagaba sus estudios universitarios. Un día, se encontró con sólo diez centavos de dólar en su bolsillo y tenía mucha hambre. Entonces decidió que en la próxima casa iba a pedir comida. No obstante, perdió su coraje cuando una linda y joven muchacha abrió la puerta. En lugar de pedir comida pidió un vaso con agua. Ella pensó que él se veía hambriento y le trajo un gran vaso con leche. Él se lo tomó y le preguntó: – «¿Cuánto le debo?». – «No me debe nada. Mi mamá nos enseñó a nunca aceptar pago por bondad.» Él dijo: – «Se lo   agradezco de corazón.» 

Cuando Howard Kelly -así se llamaba el muchacho- se fue de esa casa, no sólo se sintió más fuerte físicamente sino también en su fe en Dios y en la humanidad. Él estaba a punto de rendirse y renunciar, pero se animó a seguir luchando con sus estudios de medicina.

Una cita en el hospital

Años más tarde, esa joven muchacha enfermó gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron a una gran ciudad donde llamaron a especialistas para que estudiaran su rara enfermedad. Uno de esos especialistas era el Dr. Howard Kelly. Cuando el se dio cuenta del nombre del pueblo de donde ella venía, una extraña luz brilló en sus ojos. Inmediatamente  se levantó y fue al cuarto donde ella estaba. Vestido en sus ropas de doctor fue a verla y la reconoció inmediatamente. Luego volvió a su oficina determinado a hacer lo imposible para salvar su vida. Desde ese día le dio atención especial al caso. Después de una larga lucha, ella ganó la batalla. El Dr. Kelly pidió a la oficina de cobros que le pasaran la cuenta final para darle su aprobación. La miró y luego escribió algo en la esquina y la cuenta fue enviada al cuarto de la muchacha. Ella sintió temor de abrirla porque estaba segura de que pasaría el resto de su vida tratando de pagar esa cuenta. Finalmente  miró, y algo llamó su atención en la esquina de la factura. Leyó las siguientes palabras: «Pagado por completo con un vaso de leche.» Firmado, Dr. Howard Kelly.

No pasemos por la vida mirándonos a nosotros mismos. No pensemos nunca mal de los demás. Ya Jesús lo dijo: “El que en mi nombre de aunque sea un vaso de agua a sus hermanos, a mí me lo ha dado.”

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