Evangelio según San Mateo 11,25-30.
Jesús dijo:
“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.”
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.”
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Te alabo Padre.
1) La humildad: Jesús te sigue enseñando que el modo de vivir de los cristianos es en la sencillez y humildad. Dios sigue revelándose en el mundo por la sencillez y simpleza. No seas una persona que se anda complicando la vida todo el tiempo. Tener tantos títulos y honores te lleva luego a ser un desalmado o un esclavo… cuántas veces vimos personas que lo pueden tener todo, pero en el fondo son esclavos en celda de oro. La simpleza te lleva a la libertad y la libertad a la simpleza. Como diría yo “prefiero ser pobre pero libre, a ser rico pero esclavizado”.
2) Conocer: el conocer es lo que lleva a la fortaleza cristiana, entender la vida cristiana. Si no tenés una experiencia de Dios todo se te cae y la misa se convierte en un mero rito de cumplimiento, los mandamientos, una esclavitud de conciencia y la jerarquía pasa a ser una organización poderosa. En cambio, el conocer a Jesús te lleva a vivir en Jesús y eso te permite vivir la frescura del evangelio, saber que Dios es celebrado y vivido en cada misa y la jerarquía de la Iglesia es un eterno servicio.
3) Corazón: hoy pidamos a Jesús tener un corazón simple y sencillo, que no nos tome la dureza de la vida y ser siempre hombres y mujeres de bien. Vos tenés algo grande que hacer en este mundo. No lo olvides.

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1 comentario
Ser pequeño no es un estado duradero, excepto para los pocos que aceptan y acogen la vida tal como es y confían más en el amor de Jesús para salir adelante que en sus recursos y capacidades. El espíritu del Señor se derrama donde hay vacío, donde la vida “estruja” el sufrimiento y el corazón humano comparte todo con Dios Padre, donde todo lo que tenemos que hacer es principalmente la voluntad del Señor. Poquísimas o ninguna gratificación, pero la plenitud de compartir todo con Jesús y con Su vida es lo que nos hace pacientes y humildes de corazón y nos acerca, siempre mas juntitos, casi unidos totalmente a Él para conocerLo y amarLo.