Evangelio según san Juan 14, 15-16. 23b-26
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
“Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes:
Jesús le respondió: “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.
Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»
La fuerza del Espíritu
1) El amor cumple: Ese encuentro íntimo con Jesús te lleva a una mirada distinta de la vida, porque el cristianismo no es una asociación. Es una familia en donde se genera un estilo de vida. Ese estilo de vida que llevó a muchos a que vivan la vida de una manera llamativa y extraña, que rompió estructuras personales y hasta sociales.
Pero ponete a ver… vos al tener esta vida, que escuchas cosas de Dios y que te planteas de tus actitudes, ¿no hay veces que te sentís extraño o extraña? Claro que sí, porque estamos en este mundo, pero somos ciudadanos del cielo. El cristiano ama la vida, ama vivir y ama el encuentro con el otro, porque sabe que en todo hay algo de este Dios que cambió su vida, ¿vos lo ves así?
2) Habitaremos: Uno no va a ser promotor ni tampoco somos vendedores de ventanillas del Evangelio. No somos panfleteros de Dios, porque no vamos a hablar nada. Vamos a testimoniar con la vida. Acordate lo de San Francisco de Asis, “vayan y anuncien el evangelio, y si es necesario hablen…” Porque es desde esa experiencia interna e íntima de donde sale tu expresión de Dios. Como cuando uno está enamorado. No necesita contarlo, con su cara ya uno se da cuenta. Que en tu cara y en la mía se note que estamos enamorados de Dios.
3) El Paráclito: La fuerza del Espíritu Santo hoy nos mueve como Iglesia, es ser enamorados de Dios que anunciemos la frescura del evangelio y no que nos vean como jueces moralistas. Somos los que tenemos un corazón en este mundo y que queremos mostrar que se puede vivir mejor y de otra manera. Somos una Iglesia familia. Hasta el cielo no paramos.
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