«El primer signo de la presencia del Reino de Dios»
Evangelio según San Juan 2, 1-11
EN aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice:
«No tienen vino».
Jesús le dice:
«Mujer, ¿Qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes:
«Hagan lo que él les diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dice:
«Llenen las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice:
«Saquen ahora y llévenlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 19 de Enero de 2025
El Papa Francisco nos ha propuesto que en este Año del Jubileo de la Esperanza, redescubramos los signos de Esperanza que hay en nuestra vida aún en medio de las dificultades.
Familias de los pueblos,
aclamen al Señor, aclamen la gloria
y El poder del Señor;
aclamen la gloria del nombre del Señor.
El Evangelio de san Juan que acabamos de escuchar, es el capítulo 2 versículos, 1 al 11 que nos narra una escena familiar, una escena festiva, dentro de unas bodas, en Caná de Galilea; pero, miren este detalle, la madre de Jesús estaba allí con él y con sus discípulos. Jesús en este lugar va a realizar el primer signo, el primer signo de la presencia del Reino de Dios, ese signo que abre toda la vida pública de Jesús y que lleva a que los discípulos crean en él.
Pero, detengámonos en la Virgen María, es Ella la que se da cuenta que falta el vino, Ella se da cuenta que hay una dificultad, Ella se da cuenta que va a haber una tristeza en la familia, Ella abre los ojos para ver las precariedades, la escasez, que se tiene en este lugar, Ella nos ayuda también a nosotros a que miremos las dificultades que tenemos en la vida.
Pero, la Santísima Virgen María no se queda mirando solamente que no tienen vino, sí lo anuncia, y lo ve y lo siente, y ella lo palpa como mujer, pero Ella, la Madre del Salvador nos conduce a la fuente de la esperanza; Hagan lo que Él les diga, y es por intercesión de la Virgen María que Jesús realiza este primer milagro. Por lo tanto, Ella nos ayuda a ver la precariedad y la escasez, pero nos lleva a ver la fuente de la esperanza para transformar el agua insípida en sabroso vino de fiesta.
Que Ella nos abra los ojos y el corazón para ver con esperanza, incluso, los momentos difíciles y críticos de nuestra vida familiar y de nuestra vida social.
Que el Señor nos bendiga y acompañe.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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