Evangelio según san Juan 17, 20-26
Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:
“Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno
-yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.
Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos”.
Evangelizar
1) Ruego: Es comprender que la evangelización comienza desde las rodillas y que es esencial el orar para llevar a Jesús. No dejes que el activismo te haga olvidar lo esencial de lo que es el anuncio. Muchas veces, como Iglesia, nos hemos detenido a organizar más talleres y asambleas que oraciones comunitarias o adoración eucarística. La fuerza y la firmeza de evangelizar está en la oración y adoración eucarística, algo que hace tiempo nos viene recordando el mismo Carlo Acutis y santa Teresa. Como decía la madre Teresa de Calcuta: “tantas horas de atención a enfermos serán las horas de oración frente al sagrario”.
2) Unidad: En estos días nos sigue recordando Jesús que la clave es pedir por la unión entre los cristianos. Es vital ser más unidos que estar tanto tiempo reunidos. Porque nuestro ideal pasa por comprender que Cristo nos ha redimido a “todos” y la clave es que somos todos llamados a unirnos más allá del pecado que tengamos y lo que seamos. Todos tenemos una oportunidad de un encuentro con Cristo.
3) Conmigo: Volvé a Jesús, es el único que nos permite llegar a la eternidad. Es volver a Él y recordar que todo lo hacemos por Él y para Él. Cuando uno se olvida de eso busca otros alivios, ya sea en el poder o en el placer. Recordá que nuestra vida es vivir en Cristo, por Cristo y para Cristo. Algo bueno está por venir.
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1 comentario
Amén amén