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Meditación del día de 31 marzo

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Juan 13, 21-33, 36-38

Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”.
Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.
Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús.
Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: “Pregúntale a quién se refiere”.
El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: “Señor, ¿quién es?”.
Jesús le respondió: “Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato”. Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.
En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: “Realiza pronto lo que tienes que hacer”.
Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.
Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: “Compra lo que hace falta para la fiesta”, o bien que le mandaba dar algo a los pobres.
Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.
Después que Judas salió, Jesús dijo: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.
Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.
Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’.
Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿adónde vas?”. Jesús le respondió: “A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás”.
Pedro le preguntó: “¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”.
Jesús le respondió: “¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”.

¡Entregará!

1) La mesa: No le pidas a Dios que te quite las tormentas, más bien pídele que te enseñe a bailar bajo la lluvia. Las tormentas de la vida no vienen a destruirte, sino a mostrarte de qué estás hecho, a revelar esa fuerza que no sabías que tenías hasta que no tuviste otra opción. Recuerda que el árbol que sobrevive a la tormenta no lo hace porque el viento no sopló, sino lo hace porque sus raíces son más profundas que el mismo miedo. Pedir que te quiten las dificultades es pedir que te quiten las posibilidades de crecer, porque el crecimiento aparece cuando hay resistencia, cuando uno aprende a moverse dentro del dolor y empieza a hacerse fuerte.

2) Pregúntale: Es necesario también que te preguntes dónde estás parado y por dónde va yendo tu vida, fíjate en dónde está hoy tu historia. Date la posibilidad de sentarte y ver con quién compartes tu vivir. Estamos en Martes Santo y seguís con el acelere. Baja un cambio y fíjate en dónde estás parado y con quién estás caminando, capaz que dejaste a mucha gente de lado.

3) Judas: Dostoyevski decía: “Cuanto más oscura es la noche, más brillan las estrellas; cuanto más profundo es el dolor, más cercano está Dios”. Por eso, también todos pasaremos por un Judas que nos traicionará y nos hará doler la vida, pero la vida es un crecer desde el dolor. Dios te eligió como eres. Una vez, recuerdo, cuando dudaba de mi vocación, me acerqué al sacerdote y le dije “Creo que Dios no eligió al hombre correcto”. Él me miró y me dijo “Pero Dios es tu Dios correcto”. Confía en Dios, incluso cuando te traicionen, incluso cuando te sientas perdido. Algo bueno está por venir.


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