Madre del silencio y de la esperanza
Madre del silencio y de la esperanza, hoy nos unimos a tu soledad junto al sepulcro. En este día en que la Palabra calla y el mundo parece vacío, venimos a aprender de tu fortaleza.
María, enséñanos a no desesperar cuando sentimos que la oscuridad nos rodea. Préstanos tu fe para ver, más allá de la piedra sellada, la luz de la Resurrección que ya se asoma.
Madre de la esperanza, ayúdanos a transitar nuestros propios “sábados” de duda y dolor. Que no busquemos la vida entre los muertos, sino que sepamos aguardar, como tú, el paso de Dios por nuestra vida.
Quédate con nosotros en la espera, para que, al llegar el alba, podamos reconocer junto a ti que la muerte no tiene la última palabra y que el Amor ha vencido.
Amén
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