¡Dulce Corazón de María, se la salvación mía!
Madre bendita, te apareciste a los tres pastorcillos de Fátima para sembrar en su corazón y en el de todos los que se acercan a ti, el amor de Dios que arde en el tuyo.
Que podamos peregrinar siempre con confianza hacia tu Corazón de Madre. Que, como en Caná de Galilea, cumplamos lo que nos pides: escuchar a Jesús y hacer lo que Él nos diga.
Que tu ejemplo y tu ternura nos ayuden a sobrellevar las pruebas, a amar a pesar de las ofensas, a esperar contra toda esperanza y a ser instrumentos de Jesús, tu Hijo.
María, intercede ante Tu Hijo por nuestras necesidades y las de la humanidad entera.
¡Oh, Jesús, te amo!
¡Dulce Corazón de María, se la salvación mía!
Amén
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