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María y José NO eligieron el pesebre

por Editor mdc
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María y José buscaban una posada, un lugar confortable y “apropiado” para poder recibir a su hijito.

Caminaron mucho. Buscaron por varios lados, preguntaron, pidieron y hasta rogaron. Ni siquiera María, con Jesús en su vientre, anticipaba la voluntad de Dios para ese momento.
Imagino que José hubiera pasado menos nervios si la noche anterior hubiera tenido algún sueño premonitorio que le mostrara el lugar elegido… Pero no, él también transitaba la incertidumbre…bajo el peso de la responsabilidad.

Pareciera que la presencia de Dios no garantiza necesariamente poder sondear sus caminos.
Es curioso, fueron las diferentes negativas humanas las que, esa noche, marcaron el camino a María y José. “No hay lugar aquí”; “No, tenemos a nuestros parientes en casa” “No aquí, quizás en esa otra casa tengan suerte” “No, lo siento, es muy tarde”. Y la falta de opciones hizo tan estrecho el camino que, de repente, se volvió evidente: nacería en un pesebre.
Y Nosotros…¿nos dejamos conducir a lugares poco apropiados para nuestras expectativas? a lugares solitarios, a veces despojados de lo necesario, silenciosos y un tanto oscuros como aquella cueva con la mula y el büey, en medio de la noche donde nació Jesús, ese pesebre donde pusieron a Jesús…¿Cuántos pesebres aún tenemos por descubrir? ¿Cuál nos espera en esta Navidad?

La falta de opciones “humanamente razonables” nos invitan, muchas veces, a adentrarnos en otra experiencia del tiempo y en otra lógica. “Condiciones laborales que NO mejoran”, “Esa relación esquiva que NO puedo recomponer”, “ese perdón que NO llega”, “esa enfermedad que NO termina” “ese duelo que NO supero”, “esa debilidad de mi pareja que NO puedo aceptar“…Y tantos otros NO de la vida que parecen “fuera de lugar” van haciendo estrecho el camino pero también lo hacen más evidente: debe ser por acá…

La buena nueva de la Navidad sigue siendo el encuentro PERSONAL con Jesús. Un encuentro que es posible porque DIOS viene a nosotros, porque ÉL nos busca en el camino de una y mil maneras diferentes. Aún si nosotros caminamos para otro lado, aún si nos asusta la precariedad del pesebre y su oscuridad. Aún si seguimos buscando otras opciones más razonables…

Él está ahí, con paciencia de niño, sin tiempo, para acompañarnos y dar con nosotros ese paso transformador y liberador.  

Porque no hay Navidad sin pesebre, como resurrección sin cruz, como amor sin entrega,
como paz sin confianza.

Que en esta Navidad nos animemos a entrar a nuestro pesebre, en donde Dios nos espera.

Autor anónimo

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