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Dr. José Gregorio Hernández

por Editor mdc

El Dr. José Gregorio Hernández, mejor conocido como el médico de los pobres, fue franciscano seglar

Caracas.- La Congregación para la Causa de los Santos ha promulgado hoy, 19 de junio de 2020, el decreto con la autorización del Papa Francisco para la Beatificación del Venerable Dr. José Gregorio Hernández, lo que hará del médico de los pobres el 4to Beato Venezolano, y el primero trujillano.

En su audiencia con el Cardenal Angelo Becciu, el Papa autorizó los decretos que darán a la Iglesia tres nuevos beatos, entre los cuales se encuentra el Dr. José Gregorio Hernández. La noticia es de alegría para toda Venezuela e incluso en América Latina, que ha despertado una gran devoción por el Venerable, uno de los laicos más insignes de la Iglesia, ejemplo de las virtudes cristianas, con una fe inquebrantable.

Han sido 71 años desde que el proceso de beatificación y canonización del Médico de los Pobres fuese iniciado por Mons. Lucas Guillermo Castillo, quien fuera Arzobispo de Caracas, en 1949. Hace 34 años, el 16 de enero de 1986, fue declarado Venerable, por el Papa Juan Pablo II.

El 09 de enero de 2020, la Comisión Médica de la Congregación para la Causa de los Santos, aprobó el milagro atribuido a su intercesión; de igual forma ocurrió el 27 de abril de 2020 con la Comisión Teológica.

El Dr. José Gregorio Hernández nació el 26 de octubre de 1864 en Isnotú, una humilde localidad del estado Trujillo. Sus padres fueron Benigno Hernández y Josefa Cisneros, siendo por línea materna, descendiente del Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. Fue el primero de seis hermanos, en un núcleo familiar fundamentado en los principios y valores cristianos, mismos que forjaron su carácter y le acompañaron toda la vida.

Fue médico, científico, profesor, músico y filántropo, con vocación religiosa, fue franciscano seglar. En cada una de las áreas en las que se desempeñó, fue testimonio de la generosidad, la caridad, la solidaridad y la fe en Cristo, con un corazón especial movido por los pobres y los desfavorecidos.

El Dr. José Gregorio Hernández, dolido por la terrible situación que se vivía durante la Primera Guerra Mundial, ofreció a Dios su vida, pidiéndole que aquella guerra finalmente acabara. El 28 de junio de 1919, se firmó el Tratado de Versalles con el que se dio fin al conflicto bélico. Un día después, el 29 de junio de 1919, el Médico de los Pobres fallecía a la edad de 54 años, a causa de un impacto en la cabeza con el borde de una acera, luego de tropezar a causa del golpe de un automóvil, en la esquina de amadores ubicada en La Pastora, Caracas.

Doctor y laico de Venezuela

La Iglesia de Venezuela, de Latinoamérica y del mundo se alegra por la próxima beatificación de uno de sus hijos más célebres. Se trata del laico venezolano, José Gregorio Hernández Cisneros, nacido el 26 de octubre de 1864 en Isnotú, en el estado andino de Trujillo, y fallecido en 1919 en Caracas tras un accidente de coche a la edad de 54 años. José fue el primero de seis hermanos. Se graduó en medicina en Caracas y profundizó sus estudios en París, Berlín, Madrid, Nueva York. Se convirtió en profesor universitario y científico: fue uno de los primeros en introducir el microscopio en el país y fundó la cátedra de bacteriología en la universidad de la capital venezolana. Una fe viva lo acompañaba siempre: para él la medicina era una misión, sobre todo para los más necesitados. A menudo compraba medicinas para sus pacientes y en lugar de pedirles dinero por la consulta, se la daba. De hecho, en su Venezuela natal es conocido como el «médico de los pobres».

José Gregorio tenía una fuerte vocación religiosa: en un principio quería ser monje y se fue a Italia en 1908, donde entró en la comunidad de Certosa di Farneta, en la provincia de Lucca. Sin embargo, tuvo que volver a casa por razones de salud. Lo intentó de nuevo algunos años más tarde, comenzando los estudios teológicos en el Colegio Pío Latinoamericano en Roma, pero se enfermó nuevamente. Así, comprendió que Dios lo estaba llamando a la vida laical, y se convirtió en Terciario Franciscano, de modo que, como san Francisco de Asís, reconoció el rostro de Jesús en cada enfermo. Trató a los pacientes con valentía durante la epidemia de fiebre española. El 29 de junio de 1919, mientras iba a la farmacia a comprar medicinas para una anciana, fue atropellado por un coche y llevado al hospital donde recibió la Unción de los Enfermos. Murió diciendo estas palabras: «¡Oh, Virgen Santa!».

Fuente: Prensa CEV

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