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Cuando parece que Dios no escucha al sacerdote

por Pbro. Luis A. Zazano
Vida Sacerdotal_FB_# 4

«Las heridas tarde o temprano sanan»

En el proceso de nuestro camino sacerdotal, experimentamos lágrimas que nos nublan la mirada y nos hacen sentir olvidados.

Es importante aprender a esperar, encontrar fortaleza en el recuerdo de esa primera visita de Dios, recordar que hubo una llamada concreta y dejar que el tiempo renueve nuestra mirada para darnos cuenta de que Dios nos sigue buscando como sacerdotes que somos y nunca nos ha dejado.

Te comparto esta reflexión desde mi experiencia personal:

1. Llorar por ella: los sacerdotes también tenemos sentimientos y siempre veremos que nuestra labor pastoral es más grande de lo que nosotros podemos hacer. Asumimos parroquias con extensiones gigantes, labores pastorales que parece que nunca terminan. Situaciones complejas, porque nos tocan personas complejas. Todo ello nos hace pensar en una realidad que en algún momento, nos sentimos sobrepasados.

La gente también ve en nosotros que estamos sobrepasados, porque no nos dedicamos a nosotros. Sumado a que vamos tomando una postura un poco tóxica muchas veces a las cosas que nos toca asumir, haciendo un control de todo y mirando cada detalle. En este punto, uno empieza a ver que todo empieza a controlarse por vos, con un monitoreo cercano, pero llega el momento en que la frustración aparece, cuando no ves los resultados que quisieras o simplemente te sentís agotado por estar todo el tiempo atendiendo y resolviendo problemas de todo lo que esto genera.

Las lágrimas aparecen en tu vida. Hoy te presento tres tipos de lágrimas:

A)        Lágrimas de enojo: por no sentirte entendido por la comunidad, más bien juzgado y reclamado. Generando en la gente siempre demanda a tu persona, pero sin ese acompañamiento a tu persona. Es el momento donde hasta te sentís usado por la comunidad, porque cuando te necesitan, tenés que estar, pero cuando los necesitas, parecen no estar.

B)        Lágrimas de superado: porque aparece en vos y en mí, ese voluntarismo de querer lograrlo todo con tu esfuerzo, y casi olvidándote de Dios. Es estar en acelere constante, pero llegando a un punto que te sentís superado por la cantidad de cosas que tenés que hacer y no lo podés delegar. Incluso asumiendo un ritmo pastoral que cada vez se va abriendo más y la situación se empieza a escapar de tus manos. Llega a un punto en que lo sacramental pasa a un segundo lado y todo se concentra en lo pastoral. Ahí aparecen las lágrimas de volver a buscar a Jesús.

C)        Lágrimas de alivio: es cuando te das cuenta que cometiste errores, capaz que morales como pastorales o afectivos. Y te das cuenta que hay un fin a ese error y aparece la búsqueda de la reconstrucción. Es una lágrima de alivio y de reinicio. Es una lágrima de reencuentro, pero también de reestructuración. Son las lágrimas de saber soltar y lágrimas de comprender lo que costó soltar.

Estos tipos de lágrimas implican lucha y esfuerzo, pero también autoconocimiento. Aquí entra tu aporte a la vida y al ministerio. El saberte herido, pero redimido; golpeado pero reintegrado.

2. Oculto a tus ojos: llegan momentos en que sentís que no logras nada, en donde hasta perdés la mirada de la fraternidad sacerdotal, en donde tu hermano no te acompaña y donde tu padre obispo está de lado. Es donde sentís que todos se alejaron de vos, pero en esa mirada que está oscurecida, no podés mirar que en este punto es posible que vos te hayas alejado de ellos. Porque cuando viene ese momento de crisis, sentís que nadie te entiende, pero es que vos no logras expresar que necesitas ayuda. Es lo confuso de tu mirar. Vos crees que te dejan solo tus hermanos y obispo, pero ellos ven que vos te aislas de todos tus hermanos presbíteros. Claro que también puede aparecer que te dejen solo, pero es en este tiempo de lo oculto, donde no te podés ver, no te pueden ver y no logras ver.

 Como se nos enseña, siempre en momentos de oscuridad no tomar decisiones, buscar la calma y saber esperar…

3. El tiempo: todo se logra ver con el tiempo. Es importante que aprendas a esperar. Un elemento que nos enseñaron en el seminario y el cual vamos aprendiendo en el día a día de nuestro sacerdocio. Comprender que en todo hay un “proceso”, no tan solo en nuestro accionar pastoral, sino también en nuestra vida ministerial.

El tiempo es sabio, pero es importante ver quién es quién durante el tiempo. No abras tu corazón al toque ante la primera persona que te aparezca. Aprende a descubrir que todos tenemos tiempo para cada cosa.

4. Visitado por Dios: Dios viene a tu vida de manera constante y siempre estará buscándote como sacerdote que eres. Si bien, todos los días administramos la Eucaristía y llevamos a Jesús a tantas personas, pero debemos reconocer que en nosotros muchas veces se pierde esa visita. Porque es parte de la vida espiritual pasar por esa sequedad espiritual y ministerial. Es por ello que aquí es donde uno como sacerdote, debe volver al recuerdo de esa primera visita de Dios. Es importante saberte visitado por Dios en tu vida y recordar que hubo una invitación concreta de Dios a tu vida. Las lágrimas tarde o temprano se calman, el tiempo tarde o temprano lo cura y las heridas tarde o temprano sanan. Pero si no te remitís a tu primer encuentro con Cristo en tu vida, todo puede perder sentido tanto en tu ministerio como en tu vida.

Reza por nosotros los sacerdotes.

Algo bueno está por venir.


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4 comentarios

DANILO CORAZZA February 1, 2024 - 9:00 am

Es verdad Padre Luis! La mayoría de los sacerdotes están sobrepasados de trabajo. Hay falta de compromiso de parte de la feligresía, pero también, por parte de algunos sacerdotes. Creo que muchas veces, hay falta de tolerancia en ambas partes. Pienso que falta oración, se ha perdido la costumbre de rezar por los sacerdotes y las vocaciones, como se hacia en otras épocas, después de la Misa.”La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha”… Rezo por los sacerdotes que se sienten agobiados, para que el espíritu del Señor, los envuelva con su amor y los llene de nuevos bríos!

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Adiberh Martinez February 1, 2024 - 10:20 am

SI Hermano sacerdote yo por ESO Desde que empese a resar El Rosario mis plegarias y peticiones son para todos ustedes en especial por ti Padre Luis. Aunque paresca que ustedes la tiene FACIL no es asi. Pero no estan solos aunque los dias Sean oscuros El Sol siempre ESTA ahi y en una escapadita sus rayos penetran las Nuves y nos dan su calurozo y tibio habrazo. Siempre mis Oraciones por todos ustedes. Que Dios los cuide y poder contar con sus ayudas. Muchas grasias.

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Lidia Vargas February 1, 2024 - 6:45 pm

Gracias Padre Luis, por abrirnos los ojos y poder entenderlos por que a veces pensamos que a udes no les pasan cosas que al lado de Dios todo es más fácil para los sacerdotes. Si claro que si si no podemos ayudarlos personalmente
hay que hacerlo con la oración. Con la bendición de Dios siga adelante para bien de todos los cristianos y los que lo seguimos. Gracias a Díos y a Ud por estar siempre.

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María Fernanda Falcón.- February 4, 2024 - 6:01 pm

Graciasssss, sigo y comparto tus mails, pensando en los sacerdotes que me rodean con la mirada puesta en tí y en lo que vivís, en tus experiencias de vida!!

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