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Juan 16,29-33

por Pbro. Luis A. Zazano
Juan-16,29-33

Evangelio según San Juan 16,29-33.

Los discípulos le dijeron a Jesús: “Por fin hablas claro y sin parábolas.
Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios”.
Jesús les respondió: “¿Ahora creen?
Se
acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno
por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre
está conmigo.
Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo”.

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No estoy solo.

1) Atención a la persona: Hoy quiero proponerte un proceso de discernir. Dios te invita a que mires a tu hermano, que lo escuches, que le prestes atención. Hoy te propongo que trabajes el escuchar a tus cercanos, que dejes un poco el celular y escuches a tu hermano o a tu hermana. Que ese hermano que te abre el corazón para contarte su vida y miserias no sienta que lo juzgas o lo liquidas, es escuchar y acompañar. Hoy pedile al Espíritu Santo que te dé esa capacidad de escuchar a tu hermano, no juzgues lo que te cuente o lo que te diga, escucha y acompaña. No te pongas en la figura de juez o de “a mí eso no me toca”. () Somos cristianos, nuestra actitud debe ser otra. Más allá de la idea o elección de vida, busca que el otro se sienta valorado y no ninguneado. Hoy proponete a ello.

2) Buscar la verdad: Tanto para vos, como cuando ayudas al otro, debemos trabajar por buscar la verdad. Nos encanta mentirnos o ser vuelteros para cuando nos toca escarbar y ver lo que nos pasa. Tener esa sinceridad salvaje y decir blanco a lo blanco y negro a lo negro. Ir al eje del problema y no dejarnos tomar por otras cosas. Hay veces que preferimos el silencio, en donde no queremos tocar ciertos temas a la cual sabemos que nos está golpeando. Si te toca acompañar a un hermano, ayudalo a que no se vaya de eje y reconozca dónde esta pisando flojo, sin juzgarlo pero viendo dónde hay que trabajar y acompañarlo. Y si te pasa a vos, no te calles o dejes de lado ese tema, enfrentalo y si no podés pedí ayuda, pero míralo y asumilo, eso es también parte tuya y de tu vida.

3) Hacia adelante: Una vez que hayas escuchado y prestado atención a tu hermano, una vez que hayas tocado el meollo del problema, deberás ver hacia dónde vas, a dónde querés llegar con tu vida o con la vida del hermano que estas acompañando. Es mirar el “¿para qué?” estás caminando, que te indicaría el “¿por qué?” estás caminando. Más allá de las sensibilidades o lo que gusta o no gusta, es mirar hacia dónde se apuntala tu vida. Si vos perdés el eje, los golpes de la vida te liquidarán y no podrás levantarte de nuevo. Te aclaro algo, todos caemos en el caminar de la vida, a excepto de María y de Jesús, todos los demás tenemos alguna caída o golpe, pero de que caemos, caemos. Por eso volvé a mirar el objetivo, el punto de tu caminar, sólo así lograrás la felicidad. Escuchar, prestar atención al otro; ayudar a que vea el eje del problema con total sinceridad y encaminar nuevamente al objetivo. Estos son los tres puntos que ayudarán a tu vida hacia la plenitud de vos mismo.

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¡Dios te bendiga!. ¡Gracias!


Un año con Jesús

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